viernes, 10 de julio de 2009

Palabras del Señor Nuncio Apostólico Monseñor Giacinto Berloco en la inauguración de la XCII Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana


(Caracas), 7 de julio de 2009)

Excelentísimos Sres. Arzobispos y Obispos de Venezuela:

1. Hace cuatro años, al poco tiempo de mi llegada, tuve la honda satisfacción de dirigirme a ustedes para transmitirles el saludo atento y afectuoso del Santo Padre Benedicto XVI, quien había confirmado mi nombramiento como Nuncio Apostólico en Venezuela, hecho anteriormente por el venerado y amado Juan Pablo II. Ahora, a pocos días de concluir mi misión en tierra venezolana y tomar el rumbo hacia Bélgica para continuar allí el servicio de la Sede Apostólica, vuelvo a dirigirme a Uds., queridos Hermanos en el Episcopado, para saludarles de nuevo en nombre del Su Santidad el Papa, el cual nos ha sorprendido y llenado de gozo con las celebraciones del Año Paulino, apenas concluido, y del Año Sacerdotal, que acabamos de inaugurar.

Debo confesar que, estos cuatro años han sido años muy intensos, durante los cuales he podido conocer de cerca y acompañar con alegría y afecto sacerdotal, a esta Iglesia local que peregrina en Venezuela, sea en la Conferencia Episcopal, sea en la persona de cada uno de Uds., Pastores y Guías Espirituales, a quienes les corresponde anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, gobernar y robustecer en el amor, la fe y la esperanza al pueblo santo de Dios. Al lado de Ustedes y junto con Ustedes, me ha sido muy grato y satisfactorio el contacto con los sacerdotes y las comunidades, sobre todo en las visitas pastorales a las diócesis y a las parroquias.

Al dejar mi servicio en estas tierras de esperanza, siento el imperativo de agradecerles la bondad que han mostrado conmigo, su acogida, su comprensión, y, especialmente, el apoyo afectivo y efectivo que he experimentado en los momentos más difíciles por los que nos ha tocado enfrentar, a mí y mis colaboradores al frente de la Nunciatura Apostólica. Sin embargo, me siento sereno y contento, no porque me voy o porque me acerco a Roma y a mi tierra nativa, sino por todo lo que he aprendido y recibido en estos años.

2. Aún permanece fresco en la mente y vivo en el corazón, el recuerdo de vuestra Visita “ad Limina Apostolorum”, sobre todo el de vuestro encuentro con el Santo Padre. Las sabias y orientadoras palabras que, como Supremo Pastor de la Iglesia, os dirigiera en el encuentro del 8 de junio pasado, deben vigorizar pautas y reforzar las orientaciones pastorales, por lo demás ya presentes en vuestros grandes proyectos de evangelización. Él les recordaba “los retos que hoy deben afrontar en su labor pastoral, cada vez más abundantes y difíciles, viéndose además, en los últimos tiempos, incrementados por una gran crisis económica mundial”. Pero también el Santo Padre les aseguraba que “el momento actual ofrece numerosos y verdaderos motivos de esperanza, de esa esperanza capaz de llenar los corazones de todos los hombres, y que (Spe Salvi, 27). Al igual que hizo con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), el Señor resucitado camina también a nuestro lado infundiéndonos su espíritu de amor y fortaleza, para que podamos abrir nuestros corazones a un futuro de esperanza y de vida eterna”.

También, en el mismo discurso, subrayaba el Papa “que tenéis por delante…una apasionante tarea de evangelización y habéis iniciado la Misión para Venezuela, en línea con la Misión Continental promovida por la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida”. E insistía que éstos son tiempos de gracia para los que se dedican por entero a la causa del Evangelio. Y los animaba a confiar en el Señor y a incrementar las iniciativas para dar a conocer en toda su integridad y hermosura la figura y el mensaje de Jesucristo.

3. Recordamos también con singular afecto las Visitas Apostólicas que Benedicto XVI ha llevado a cabo por África y Oriente Medio (Jordania, Israel y Territorios Palestinos); esta última ha sido una verdadera peregrinación a los Santos Lugares y una misión de paz. Una peregrinación sobre las huellas de Cristo Resucitado, que ha permitido al Santo Padre un encuentro con aquellas Iglesias particulares, poniendo de manifiesto que “el futuro de la Iglesia universal depende también hoy del lazo de unión con la Iglesia de los orígenes”. La Iglesia que vive en Tierra Santa, un verdadero ‘pequeño rebaño’ (pusillus grex), es de importancia fundamental para toda la Iglesia.

En cada etapa de su visita -inolvidable peregrinación- el Papa ha querido revelar la dimensión ecuménica e interreligiosa del viaje. Particularmente significativo ha sido el encuentro del Santo Padre con las Autoridades públicas de Jordania, Israel y Territorios Palestinos. Pero aún en esto ámbito significativamente social y político, el sucesor de Pedro se ha presentado como jefe y padre de la comunidad que el Señor le ha confiado. Lo acompañaba toda la Iglesia, pero ésta se mostraba concretamente en la comunidad local. Por eso, el Papa le agradecía la valentía, el consuelo y la esperanza que ofrecía a los católicos. A los miembros de esa privilegiada comunidad les expresaba el sentido gracias de toda la Iglesia y los exhortaba para que permanecieran como piedras vivas, precisamente allí donde todo habla del pasado histórico del Redentor… Y haciéndose eco de todos los problemas actuales, Benedicto XVI insistía que no podemos resignarnos y dejar a tales problemas la última palabra. No, el Papa no se resigna, y la Iglesia –nuestra Iglesia- lo sigue con inmensa esperanza… El Papa, en definitiva, insistía en que la Iglesia debe defender, no con palabras, sino con hechos, la dignidad de todos... En la aventura de la paz, es necesario creer en la solidaridad entre los pueblos y luchar contra toda injusta discriminación. (Cfr. Declaraciones de S.E. el Card. Leonardo Sandri, en el Bollettino, del 31 de mayo de 2009).

4. Tanto a ustedes, Pastores, como a la Iglesia toda, los llevo prendidos en el más vivo recuerdo. Un recuerdo, que es vivencia enriquecedora, que me ha marcado profundamente, y que me ha ayudado a crecer y a dar un sentido más pleno a la misión que el Santo Padre me ha confiado en el servicio a la Iglesia. Y junto con el recuerdo, en lo más hondo de mi ser me siento en viva comunión con todos ustedes, sobre todo en la oración.

Pienso firmemente que la Iglesia que peregrina en Venezuela está más viva que nunca. El Concilio Plenario de Venezuela, por ejemplo, es todo un inmenso tesoro en el que se nos presenta la misión de la Iglesia venezolana en los años venideros con sus acertadas orientaciones y propósitos, que es necesario valorizar, confrontando la realidad del país a la luz de la Palabra de Dios y de las enseñanzas de la Iglesia y enfrentando con coraje y decisión (parresía) los desafíos del momento actual. El Concilio nos ofrece las herramientas para llevar a cabo, con la participación de todos, la gran Misión Continental Evangelizadora que Uds. han proclamado y están poniendo en práctica con celo y entusiasmo.

Llegue a todos Ustedes mi más sentida palabra de agradecimiento por la cercanía, el apoyo y las atenciones que me han brindado a lo largo de mi estadía en Venezuela. ¡Que Dios se lo pague con creces! Al mismo tiempo reciban mis sinceras felicitaciones y renovados votos para un fructuoso desenvolvimiento de esta Asamblea como también para su ministerio pastoral en cada una de las diócesis a Uds. confiada. Hago votos que esta Asamblea, guiada por el Espíritu Santo, sea un verdadero momento de gracia y un nuevo impulso renovador para nuestra Iglesia. Ruego al Señor, el Dios compasivo y misericordioso, el Dios de la Paz y de la Vida, para que, por la poderosa intercesión de la que es Madre de Jesús y Madre nuestra, Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, los colme de sabiduría y fortaleza, de valentía y de fe, de amor y de esperanza.

Confío en su fraternal recuerdo en la oración, como también Uds. cuenten con mis pobres plegarias.

¡Muchas gracias!


LOS EMPOBRECIDOS NECESITAN NUESTRAS VOCES EN CONTRA DE LAS INJUSTICIAS

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GUILLERMO ROVIROSA

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