viernes, 16 de octubre de 2009

Testigos del Cordero Mártires en el siglo XXI


Durante los 20 siglos de historia de la Iglesia, se calcula que, aproximadamente, 43 millones de cristianos han sufrido el martirio. Todavía hoy, la Iglesia católica sigue padeciendo los efectos de la persecución religiosa. En este artículo de Avvenire, Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio y autor del libro Los mártires del siglo XX, denuncia el acoso a los seguidores de Cristo desde el comienzo del nuevo milenio

El siglo XX, construido por regímenes totalitarios en Europa y en otros lugares, ha sido el principal lugar de deshumanización y persecución. En el siglo XXI, la violencia ataca, persigue y elimina al cristiano. Los perseguidores comprenden que la presencia y la vida de los cristianos representan una resistencia profunda al dominio de los pocos sobre la vida de muchos, y al embrutecimiento de la convivencia. Su vida y su presencia suscitan un odio que termina por armar las manos asesinas.

África: testigos incómodos

¿Qué le ha llevado a un joven somalí a asesinar a Annalena Tonelli, médico en Somalia? Curaba a los enfermos, se ocupaba de las mujeres, promovía una escuela para niños. Decía en 2003: «Oh, el perdón, qué difícil es el perdón. Cómo les cuesta a mis musulmanes apreciarlo…» Algunos imanes fundamentalistas predicaban contra ella: «Annalena es el irreductible e incómodo testimonio de la fuerza del Evangelio en tierra islámica ». En 2006, tres años después de Annalena, fue asesinada sor Leonella Sgorbati, que junto con tres Hermanas de la Consolación había abierto, en un barrio conflictivo de Mogadiscio, SOS Children, una aldea de niños. Los asesinos eran jóvenes probablemente vinculados a Al-Qaeda.

En 2002, el Domingo de Ramos, en Goma (República del Congo), dos artefactos fueron lanzados contra los fieles que participaban en la procesión con los ramos pascuales. Un joven monaguillo de ocho años y un sacerdote, el padre Boniface, fueron asesinados. En Goma fue también asesinado, en 2007, Floribert Bwana Chui, miembro de la Comunidad de San Egidio, director del puesto de la aduana, por no haber aceptado que pasara una partida de alimentos estropeados para ser introducidos en el mercado. En la periferia de Kinshasa fue asesinado el padre René De Haes, estudioso del fenómeno de las sectas.

En Uganda, entre 2000 y 2001, un sacerdote italiano, Raféale Di Bari, comboniano, y un sacerdote ugandés, Peter Obote, fueron asesinados. En los años sucesivos, los católicos fueron golpeados en diversas ocasiones, mientras que eran asesinados misioneros como el comboniano padre Mario Mantovani y varios sacerdotes locales. En 2003, los rebeldes asaltaron el Seminario de Gulu, raptando a 41 jóvenes, y la misión católica de Pajule, muriendo cuatro niños.

Para los misioneros, desde hace años, no es seguro vivir en África: sus casas están expuestas frecuentemente a robos y asaltos. En Sudáfrica, varios religiosos fueron asesinados entre los años 2001 y 2007. Delincuentes y secuestradores también golpearon a varios religiosos en Kenia: fue asesinado el padre blanco Martín Addai, y encontró la muerte el obispo monseñor Luigi Locati, comprometido en la lucha contra el odio étnico; y un diplomático vaticano, el nuncio en Burundi, monseñor Michael Courtney, asesinado en una emboscada.

Iberoamérica: comprometidos en la paz


La situación de Colombia es fruto de un conflicto que procede de los años sesenta. Monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, fue asesinado por dos asesinos a cara descubierta. El obispo había alzado la voz contra las fuerzas paramilitares. Entre los años 2001 y 2007, se produjeron una treintena de asesinatos de mujeres y hombres de la Iglesia, golpeados por comprometerse en las negociaciones para el rescate de los secuestrados, asesinados para obstaculizar su compromiso de educación y pacificación.

La violencia se extendió también a El Salvador, donde la guerra civil finalizó hace quince años pero la sociedad todavía está inmersa en la violencia: de 2001 a 2007, las maras asesinaron a dos sacerdotes y a un laico. En México, han sido asesinados siete sacerdotes. Uno de ellos, el padre Ricardo Junious, trataba de impedir el tráfico de droga y la venta de alcohol a menores. En este mismo período, en Brasil, se producen los asesinatos de ocho sacerdotes brasileños y misioneros, además de un laico uruguayo, perteneciente al Movimiento de los Focolares, Alberto Neri Fernández, y un sacerdote

italiano, Bruno Baldacci, que llevaba cuarenta y dos años en el país y trabajaba por sacar a los jóvenes de la drogodependencia. Un fuerte impacto supuso el asesinato de la religiosa estadounidense Dorothy Stang, en 2005.

Asia: ferocidad inhumana

En junio de 2000, pocos días después de la celebración de los nuevos mártires en el Coliseo, partió desde Roma Andrea Santoro, un párroco romano que había obtenido, después de mucha insistencia, el permiso de sus superiores para trasladarse a Turquía. Santoro fue asesinado el 5 de febrero de 2005 por un joven musulmán.

Su figura, en cierto modo, vincula el testimonio de los cristianos del siglo XX a los nuevos mártires del siglo XXI. Los cristianos son un blanco de violencia de tantas sociedades contemporáneas: asesinarlos es noticia en los medios occidentales, mientras se ataca a hombres y mujeres que, por sus acciones y sus palabras, representan una alternativa viva a lo que Santero llamaba ferocidad inhumana.

Los cristianos sufren también en los países en los que se encuentran en minoría. En Pakistán, durante la incursión en una iglesia, perdieron la vida tres laicos y un sacerdote. En 2002, una iglesia protestante de Islamabad fue objeto de un atentado en el que murieron cinco personas; otras seis fueron asesinadas durante un ataque a Paz y Justicia, una organización financiada por católicos y protestantes. En la cercana e inmensa India, se han advertido también muchos casos de violencia contra los cristianos, religiosos y laicos. En particular, en el trascurso del año 2008, se ha producido un rápido crecimiento de la agresividad contra los cristianos de Orissa, con asesinatos, incendios de iglesias, casas, centros sociales de la Iglesia, agresiones a poblados enteros, tanto que se ha llevado a cabo el éxodo de los cristianos, refugiados en campos provisionales.

Los cristianos han sido atacados en varias partes de la India, desde hace tiempo. Es el caso del laico católico Jacob Fernández, asesinado en 2006 a golpes con un machete, en un lugar significativo para el cristianismo en India: el santuario del monte de Santo Tomás en Chennai, donde se conserva la memoria del martirio del Apóstol y se percibe el cristianismo como una religión de gran tradición en la India, con una historia que viene de antiguo.

Una alternativa distinta

La realidad del martirio en el siglo XXI es la de unos cristianos que no son agredidos por la máquina de los regímenes totalitarios, sino por la violencia de sus conciudadanos.

Muchos religiosos y religiosas no se han querido proteger, sino que han continuado viviendo entre la gente indefensa, trabajando en la tierra donde azota la barbarie. La violencia ciega que se abate en aquellas regiones no ha sido motivo suficiente para que se retirasen. Los actos dirigidos contra los cristianos suceden porque ellos representan una presencia distinta respecto a la lógica del terror. Su alteridad suena casi como una protesta humilde y silenciosa y como una alternativa auténtica.

Su fe es algo distinto en medio del clima intoxicado en el que viven. Por esto, en un marco donde la violencia se convierte en casi una regla de vida, los cristianos son asesinados.

Los últimos mártires

Uno de los últimos mártires de la Iglesia católica es el padre James Mukalel, sacerdote de 39 años, encontrado muerto en los alrededores de Mangalore, en el Estado de Karnataka (India). El 29 de julio, según relata la agencia Fides, el padre Mukalel había estado visitando algunas familias, había almorzado en un convento y había presidido un funeral. Pocas horas después, fue encontrado muerto por algunos fieles en la parroquia donde desarrollaba su labor, y se piensa que su asesinato pudo ser obra de integristas, dado que el año pasado, en el área, se verificaron algunos casos de ataques fundamentalistas, al mismo tiempo que sucedieron los ataques a los cristianos en el Estado de Orissa.

También en Pakistán se están produciendo ataques contra los cristianos. Durante el mes de agosto, 11 cristianos han perdido la vida, en un país que lleva años siendo uno de los lugares de mayor inseguridad, tierra de grandes conflictos, políticamente frágil por las divisiones étnicas, políticas, intraislámicas, y también por la presión fundamentalista.

Fuente: Alfa y Omega
Autor: Solidaridad.net

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GUILLERMO ROVIROSA

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