domingo, 1 de septiembre de 2013

Nos volveremos a ver…en El Paraíso (Carta a Daniel Piñate, mi joven amigo ASESINADO, victima de la violencia)

Notas Previas:
Como podrás observar –por las fechas- el presente escrito lleva prácticamente un año desde la fecha en que se escribió hasta la fecha en la que lo estoy publicando. Mi intensión era publicarlo en los días siguientes a aquellos en los cuales lo escribí, pero siempre pasaba algo, por ejemplo: Se me extravió varias veces la libreta en la que hice el escrito originalmente, no pudiendo transcribir nada y el escrito se me borraba EXTRAÑAMENTE del pendrive cada vez que se acercaba una fecha precisa para publicarlo. Dicen y así lo creo que “EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO”, así pues, al conmemorarse el 1er año desde la partida de Daniel a la Casa del Padre (al cielo) he tomado todas las previsiones para que por fin éste escrito pueda ser publicado. Agradezco a quien se tome todo el tiempo necesario para leer las vivencias que plasmo a continuación (ES EXTENSO PARA QUIEN NO LE GUSTE LEER), sigo pensando que no podemos ser superficiales en algunas cosas, el recordar a un AMIGO merece lo extenso del presente escrito y más. ¡Gracias DIOS por la Vida!
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                                          “He pasado tanto rato pensando cómo y por dónde iniciar que
 –“simplemente”- iré escribiendo lo que se me venga a la mente”

Esta mañana (martes 04/09/2012) al ver mi teléfono, vi que tenia un mensaje de Elimar: “Carlos, mataron a Daniel, el hermano de Adriannis!”. A ésta hora (12:24am del miércoles 05/09/2012) todavía no me lo creo, no sé si es que ya mi corazón se endureció y estas noticias ya no me afectan o será que por tanto tiempo sin vernos y hablarnos ya casi me eras extraño, un desconocido; ¿será esto normal?, ya lo averiguaré…

Entre mis lecturas de Criminología –en lo que querías que me especializara- recibí ayer (04/09/2012) a eso del mediodía una llamada de Elimar, no la escuché muy bien, sé que preguntaba si iría a tu velorio, creo que me decía que Adriannis y tu mamá le dijeron que me avisara para que fuera. Nuevamente tu recuerdo vino a mi mente y me prohibí entristecerme o llorar. Al terminar la llamada de Elimar, pensé en tu mamá, en tus hermanos, en tu hijo, en lo difícil y doloroso que debe ser tu partida, en las ganas que tendrán de que se haga JUSTICIA y en lo frustrante que –lamentablemente- podrán ser las diligencias para esclarecer el caso de tu asesinato. Para esa hora no sabía muchos detalles sobre tu caso, me volví a prohibir pensar en el sufrimiento de tu familia y en el de tu hijo –sobre su futuro- (luego me enteré de que tenías 2 hijos), seguí mis gestiones del día para cumplir una meta: SER ABOGADO, tu “amigo abogado”.

Llegué tarde a mi casa –ya había anochecido- y ‘no pude’ ir a tu velorio, a tu casa. Pero sinceramente creo que opté por postergar mi shock en nuestro encuentro –inician mis lágrimas-, en nuestro encuentro, en nuestro encuentro…no me sentía preparado.

¿Recuerdas cuando nos conocimos?, tenías para entonces 14 años, eras un guaricho, estábamos participando en las “Clases de Repaso” que organizaba la gente de la Iglesia, de nuestra parroquia, ya yo conocía a Adriannis –tu hermana menor-. En esa experiencia (las Clases de Repaso) conocimos a varios jóvenes con los cuales surgieron buenas relaciones de amistad, en aquella época estaba con nosotros Yesmer –hoy es novicia para ser Misionera de la Caridad (Orden Religiosa fundada por la Madre Teresa de Calcuta)- y otros jóvenes que hoy son padres y madres de familia, como lo eras tú.

Recuerdo que en aquella época me encontraba en una ‘política personal estúpida’ de rodearme y relacionarme solo con personas mayores que yo, pues sentía que debía madurar –creía que esos contactos me ayudaban a eso- y que ‘juntarme’ con niños, niñas o adolescentes hacía que ‘bajara el nivel’ –sendos razonamientos aquellos-. Igualmente estaba en esa búsqueda importantísima para mí en aquel entonces à Vivir la AMISTAD, pero la búsqueda se hizo difícil –a lo terrenal- cuando se nos reveló que “AMIGO es el que DA la VIDA por el AMIGO”, ¿dar la vida por otro/a?, ¡eso es bien difícil!, pensaba en aquel momento.

En aquella experiencia -de las Clases de Repaso- leímos uno de nuestros primeros libros, cuyo titulo es “EL CORAJE DE VIVIR” de Maxence Van Der Meersch, como yo no tenía dinero para comprar el libro tú me lo prestabas, luego hasta me lo regalastes, todavía lo conservo con tu firma. ¡Gracias Daniel!, agradecido siempre estaré con la Iglesia porque en ella conocí la AMISTAD, la CULTURA…la lectura.

Con lo selectivo que yo era para la época y en medio de mi complicada búsqueda te aparecistes en el camino, no solo teníamos diferencia de edad –eras 4 años menor que yo-, sino de visión y de personalidad. Eras un carajito alegre, ocurrente, gritón, ‘hiperquinético’, pica-flor, enamoradizo…que se metía en problemas con bastante facilidad y frecuencia. Yo -en cambio- era un muchacho muy conservador, centrado y prudente…y en aquellos días iniciaba lo que seria una amistad duradera, en la que a pesar del tiempo y de las ausencias siempre tuvimos presente al otro, siempre queríamos saber sobre la vida del otro.

En aquellos momentos no solo conocí al Daniel que todos conocían, al carajito bochinchero y relinchón, conocí a una tremenda persona, contigo comencé a conocer a la gente a profundidad, ¡la AMISTAD en aquel ambiente –eclesial- no podía ser superficial! me recordabas a mis hermanos, a mis sobrinos, a mis primos y a mis vecinos. Recuerdo que hablábamos largamente sobre muchos temas. Vivíamos en dos mundos distintos, aprendí mucho de ti y sé que influí mucho sobre ti, me hubiera gustado continuar aquel ritmo, pero los “trajines” de la vida -los estudios y el trabajo- nos llevaron nuevamente a caminos distintos.

Recuerdo, muy especialmente, que muchas veces imitabas mis acciones, que en las misas solo te concentrabas cuando estabas a mi lado e intentabas “vivir la misa” como yo lo hacía, que cuando hacíamos grupos de trabajo te gustaba estar conmigo y como que a todos les gustaba eso porque uno de los que te sabia ‘controlar’ era yo, ojalá hubiésemos seguido en el mismo camino.

Más de una vez te presenté como mi hermano o como mi sobrino, alguna chica –Beatriz- se lo creyó por largo tiempo porque decía que teníamos los ojos iguales, además de ser morenos, cabellos semi-lizos, pero en honor a la verdad tú tenías los ojos mejores que los míos…ese fue uno de tus ‘ganchos’ en algunas ‘conquistas amorosas’.

A esos ojos, tus ojos, los vi ‘aguarse’ en algunas de nuestras conversaciones sobre DIOS, sobre la vida, el futuro y la familia, tuve la dicha de convertirme en una especie de confesor tuyo y en tu consejero, pero también fui quien –en- más de una vez puso límites a tus travesuras de pre-adolescente, literalmente te agarré por el cuello o los brazos –más de una vez- para que te tranquilizaras y reaccionaras. ¡Que tiempos aquellos! Ojalá nuestros caminos hubiesen seguido cercanos.

Terminadas aquellas “Clases de Repaso” y de vuelta a nuestras ocupaciones cotidianas, seguimos en contacto todos los domingos en la misa y en otras oportunidades íbamos de visita a tu casa…pasó el tiempo, nuestros caminos se separaron y perdimos el contacto, estábamos tan cerca y tan lejos a la vez.
Los años pasaban, nosotros cambiábamos, todo cambiaba, de seguro que teníamos tanto de qué actualizarnos sobre el otro…

Una vez fuimos a visitar a tu hermana –Adrianni- y de casualidad estabas allí, al verte sentí gran alegría y con tus gestos y atención sé que también te alegrastes al vernos, no recuerdo bien sobre qué hablamos pero sé que volví a mi casa agradecido por haberte visto nuevamente, estabas creciendo, estabas mas alto, todo un hombrecito.

Algunas veces conversando con Emelee me contaba sobre tu vida, me contaba todo, me decía que le preguntabas sobre mí, que estabas alegre de que yo estuviera “echándole bola” estudiando para ser ABOGADO, pero que te gustaría que me especializara en ‘criminalística’, con el tiempo comprendí tu deseo-petición, pero no creo que me especialice en Derecho Penal, aunque seguro es donde está mi mayor ‘mercado’.

En Facebook usastes una vez la cuenta  de tu hermana para escribirme deseándome éxitos en los estudios. Hace días estaba pensando en preguntarle a Adrianni si tenías Cuenta en Facebook y pedirle tu número de teléfono para volver a contactarnos. El Tiempo no me dio, te fuiste Amigo, te quitaron la vida, te asesinaron.
La última vez que te vi con vida fue por la casa de Dhayann y de Emelee. Entre la oscuridad vi a un muchacho que se acercaba y me gritó: ¡ese Carlitos!, ¡Eras Tú!, me dio GRAN ALEGRÍA volver a verte, lástima que el lugar, la hora y las circunstancias no se prestaron para que charláramos por largo rato. Ya te veías como todo un hombre, muchísimo más alto que yo, fuerte, saludable y con larga esperanza de vida, pero…te han asesinado…te robaron la vida.

En mi plan de vida, en mis planes personales, también figuran los míos, todas las personas que me han rodeado, que he conocido, los pobres en lo material y los pobres en lo espiritual. Muchísimas veces pensé en ti, en el re-encuentro, en re-establecer el contacto, pero…te han asesinado…te robaron la vida.

Perdón por mi ausencia, perdón por no continuar aquella necesaria y esperanzadora amistad, perdón por pensar en el “después lo haré”. Elimar me ha dicho que Adrianni y tu mamá le pidieron que me avisara sobre tu muerte-asesinato y que quieren que yo vaya para tu velorio porque SIEMPRE LES DECIAS QUE YO ERA TU AMIGO, EL ABOGADO. GRACIAS Daniel por considerarme tu amigo, lamento no haber sabido antes que eso decías de mí.

Hermano, te extrañaremos, TE EXTRAÑARÉ. Una cosa es no verte pero saber que se te podrá ver y otra es perder la posibilidad ‘definitiva’ de ver, oír, hablar y sentir al AMIGO, me das otra lección: valorar más la AMISTAD.
(Pausa a las 3:18am del miércoles 5/9/12…Iré a tu entierro)

Ayer (miércoles 5/9/12) me desperté más pensativo de lo normal, volví a recibir un mensaje de Elimar: “Carlos a las 10:30am vamos…”, me alisté y crucé un par de palabras con mi madre sobre lo inesperado que llega la muerte y sobre los motivos de mis resistencias constantes a asistir a velorios y sepelios.

Salí rumbo a la casa de Elimar y en el camino recordé un e-mail que recibí hace años que describía justo lo que en esos momentos estaba pensando: “…después de no tener tiempo para ver a mi amigo, ahora me pongo mi mejor traje para ir a su entierro…”. Sabía que no iba a ser una situación que emocionalmente pudiera controlar, como intento mantener controlado todo siempre.

Pasé buscando a Elimar, luego fuimos a la Casa Parroquial porque desde allí saldríamos junto al P. Carlos y Kenny Jesús. Pero antes de llegar a tu velorio para realizar las exequias, tuvimos que acompañar al P. Carlos a hacerle las exequias a un señor que murió atropellado por un vehículo en Buen Retiro II, su ‘casa’ era completamente de láminas de zing y tablas: allí otro ejemplo para luchar en contra de las injusticias, en contra de la miseria.

Ahora iniciaba el trayecto a tu casa, el corazón y el pulso se me comenzaron a acelerar, tus recuerdos pasaban por mi mente rápidamente…

Al llegar lo primero que me llamó la atención era que la mayoría absoluta de quienes estaban allí eran jóvenes, muchos jóvenes estaban haciendo acto de presencia, habían pintado en los carros: “Morocho x 100pre”, “te extrañaremos”, “Morocho lindo” y otras representaciones de cariño y respeto.

Entré a la casa de tu familia, estaban haciendo unas oraciones y por la cantidad de personas solo pude quedarme cerca de la puerta, ¡allí estaba la representación de que ya no estas físicamente con nosotros!, las manos me temblaban, me recosté de la pared para intentar no demostrarlo mucho. Adrianni –tu hermana- salió y nos dimos un abrazo, me quedé sin palabras, espero que el contacto haya hablado por mí…

Al terminar las oraciones, sabía que el paso siguiente era –inevitablemente- el estar al frente de una nueva injusticia en nuestros barrios, estar frente a la representación de que ya no estas físicamente con nosotros. En mi mente estaba dialogando contigo, no me atrevía a dar los pasos para “nuestro encuentro”…

Kenny Jesús –observó la situación y- fue quien me sirvió de ‘muleta’ para atreverme a dar los pasos, me abrió camino entre la gente, iba delante como guiándome y como diciéndome “así es que se hace en estos casos”…

Vi a tu mamá con tu hermanito en brazos, estaba tranquila, al saludarla y abrazarla comenzó a llorar. Esos minutos me dieron para pensar como por horas, en el llanto de tu madre recordaba a muchas otras mujeres de nuestros barrios que han perdido a sus hijos por la violencia –como causa y consecuencia-. Recordaba a mi tía Idalia, a Yaneth, a María, a Aida, a Adela, a Tina, a Elvira y a otras muchas. Entre el llanto tu madre me dijo de propia voz –lo que Elimar me había escrito por mensajes- “¡Carlitos, Carlitos! él siempre me decía: mami yo tengo un amigo abogado, él me decía ese (yo) va a ser mi abogado…” Ante tal revelación, en pleno abrazo a tu madre, mis lágrimas aparecieron, mis palabras se fueron y en mi mente pasaba la interrogante: ¿por qué?

Acto seguido à ¡Aquí estoy! (Momento extremadamente personal)

En las exequias, me tocó leer el salmo responsorial, la frase que se quedó en mi corazón fue: “…quien a DIOS tiene nada le falta…”

 El P. Carlos nos recordó que solo han matado tu cuerpo, porque tu alma se encuentra ahora junto a Dios en el cielo, animó a los presentes a no acostumbrarnos a éstas injusticias y pidió a tu familia que buscaran el consuelo y la fortaleza en Dios…

Luego de terminadas las palabras del Padre, tu madre se acercó a la representación de que ya no estas físicamente con nosotros y reinició el llanto. Ante aquellas escenas sentía ser testigo del llanto de María ante la crucifixión de nuestro señor Jesucristo, valga la comparación por el dolor.

Me volví a recostar de la pared para no mostrar mi inestabilidad, en eso tu madre dijo una frase llena de sentimientos que me recordó la deuda moral que tengo –que muchos “privilegiados” tenemos- con la gente de nuestros barrios, con las victimas de la violencia, con los jóvenes. La frase fue: “¡PERDÓNAME POR NO HABER HECHO LO SUFICIENTE!”, sentí que aquella frase cargada de sentimiento atravesaba mi corazón y no pude soportar seguir allí, así que me fui al fondo de tu casa a secar mis lágrimas, porque sé que esa frase nos representó a muchos.

Estando allí –en el fondo de tu casa- vinieron a mi mente más recuerdos de aquellos tiempos en los que nos poníamos a organizar las ventas de “besitos” (dulces de harina de trigo con coco) con las que financiamos nuestro curso de teatro, ¡se me había olvidado que hasta compartimos escenas de teatro!, sí “el teatro de la escucha”, un teatro protesta, un teatro solidario, un teatro desde el que denunciamos la violencia-injusticia en nuestra sociedad.

Se me había olvidado que las más importantes lecciones para alcanzar las metas las aprendí con ustedes, con los AMIGOS DE SIEMPRE, con los pobres. La frase “con esfuerzo y sacrificio lograremos lo que queremos” volvió a hacerse presente en aquel momento, en aquel momento…

Iniciado el recorrido para ir al cementerio, pasamos por la casa de tu tía, decenas de personas hicieron acto de presencia, sobre todo habían muchos jóvenes allí, muchas almas con necesidades de razones y esperanzas para cambiar, para luchar, para superarse y romper las cadenas de violencia, vicios y muertes, tan presentes en nuestros barrios y que hemos ido reproduciendo de generación en generación. En casa de tu tía sonaba esa canción que dice “cuando ustedes me estén despidiendo…nadie es eterno en el mundo ni teniendo un corazón…”, muchas personas lloraban tu muerte, tu asesinato. ¡Como te querían Daniel!
Ya en la camioneta  de la parroquia, me tocó ir sentado al frente de tu hermana Adrianni –futura Doctora- la vi muy fuerte y calmada –pero dolida- al igual que tu hermano Adrián. Pude ver una foto que tenían tuya, al parecer era reciente, ¡como habías cambiado muchacho!

Al llegar al cementerio, todos tus amigos y familiares estaban despidiéndose ‘definitivamente’ de ti, estuve parado justo al frente  donde much@s se acercaban a despedirse –de ti-, te lanzaron muchas flores y te dedicaron varias canciones: “Yo te Extrañaré” (8); “Nos volveremos a ver” (8)…

¡Estoy segurísimo de que nos volveremos a ver! Ante la petición que te hizo tu madre de que cuidaras a tu hermano Adrián, que lo iluminaras, hoy te pido que seas un intercesor ante Nuestro Señor –DIOS- para acabar con la violencia en nuestros barrios, es hora de que hogares y familias –como la tuya- dejen de enlutarse, es hora de que paren los desangramientos a costa de la vida de los jóvenes, sobre todo de los jóvenes pobres. No es justo que personas como tú mueran cuando tienen toda una vida por delante, ¿habrá justicia?

El 24 de septiembre (2012) iniciaré mi último año de Derecho. El objetivo con el que abracé esta carrera fue precisamente LUCHAR POR LA JUSTICA, cuando se formaba esta concepción-convicción en mí fue que te conocí. Algún profesor me ha llamado “romántico” por eso, pero créeme que he conocido gente que han estudiado al máximo pero no saben para qué, les falta el ideal, eso lo aprendimos en “El Coraje de Vivir”, ¡que mundo el nuestro!

Mi futuro como profesional depende –hoy- de tres momentos importantes (7 de octubre, 4 de noviembre y 16 de diciembre), pero como te escribí antes: TENGO UNA DEUDA MORAL CON NUESTRA GENTE, serán por lo menos 18 casos (de jóvenes asesinados) a los que deberé acompañar inmediatamente después de graduado para darle celeridad y continuidad a los mismos, procurando que se haga justicia…posiblemente sí vaya a ser tu abogado, el de tu familia en tu caso, lamento que sea de esta forma, por tu asesinato.

“La vida es un ratico” y “que triste es morir sin HABER HECHO LO SUFICIENTE” han sido las frases que sintetizan mis dos encuentros con casi una muerte segura. Ésta experiencia de “perder” a un AMIGO por el cual y para el cual también me estoy formando como abogado me ha hecho volver y valorar más mis raíces.

UN ABRAZO DANIEL! Nos volveremos a ver en El Paraíso, ayúdame e intercede para que podamos combatir los círculos de violencia, vicios y muertes que impiden que nuestros jóvenes, que los pobres, sean libres verdaderamente. Dios Te Bendiga, sigue la luz.
A tus servicios y hasta mañana en el altar, TU AMIGO:


Carlos José Caripe

-SEAMOS VOZ DE LOS SIN VOZ-

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GUILLERMO ROVIROSA

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