martes, 11 de noviembre de 2014

“Quisiera abrazar a mi mami y no tener que cantarle en el cementerio”


María Valera siente que su vida nunca volverá a tener paz  
María Valera siente que su vida nunca volverá a tener paz 
 Fotos Wilmer González / José Leal

Con los homicidios de Rossis del Carmen Torres Valera y de su hermano José Marcelino Torres (ocurridos en noviembre de 2011 y febrero de 2012, respectivamente), inauguramos Secuelas de la impunidad, una sección semanal para las víctimas de la violencia que se multiplican en Ciudad Guayana.

A8Valera2Dolorosa y vacía. Así describe María Valera su vida. No es para menos, dice, cuando a sus 56 años ha sepultado a dos de sus cuatro hijos y a su esposo.
En 2009 comenzó su desgracia. El conductor de un vehículo atropelló a su compañero de vida, José Torres. Él murió y ella quedó a cargo de sus dos varones y sus dos mujeres.
Un año después, la menor de las mujeres inició una nueva relación amorosa; desde ese entonces las cosas comenzaron a marchar mal.
Rossis del Carmen Torres Valera abandonó la casa de su madre y se mudó a la vivienda que le heredó su papá, en Las Malvinas. Ahí vivía con su hijo y su nueva pareja.
No pasaron tres meses desde la mudanza cuando José Miguel Bermúdez González fue capturado por la Policía por un robo. Con él cayó el hermano menor de Rossis: Rixón Torres.
Bermúdez fue condenado a arresto domiciliario, mientras que su cuñado quedó privado de libertad y fue llevado al Internado Judicial de Ciudad Bolívar (cárcel de Vista Hermosa).
“Metieron preso a Rixón y creció más mi rechazo contra el Negro (Bermúdez). Había comenzado a dañar a mi familia. Le supliqué a mi hija que se separara de ese hombre, el mismo que diariamente la golpeaba y maltrataba física y verbalmente frente a su hijo”, recuerda María.
A inicios del 2011, Rossis comenzó a alejarse de “el Negro”. Él no lo aceptó. “La perseguía y buscaba por todos lados, la amenazaba de muerte. Yo conseguí cartas donde él le decía: ¡te voy a matar! Ella nunca me contó nada, pero mi nieto, siempre que podía, me decía: él le pega a mi mamá. Intenté defenderla en más de una oportunidad y la amenazada terminaba siendo yo. Desgraciadamente, no estuve con ella cuando finalmente cumplió sus promesas: mató a mi muchacha”, rememora con lágrimas en los ojos.
La mañana del lunes 14 de noviembre de 2011, en los rieles del tren de Ferrominera Orinoco, bajo la avenida Angosturita, fue hallado el cadáver de Rossis. Estaba a medio vestir y con marcas de estrangulamiento. Sus manos estaban arrulladas y la sangre seca quedó marcada alrededor de su boca y oídos.
Larga y amarga espera
Desde el domingo 13 de noviembre María esperaba por Rossis. No sabía nada de su paradero. El martes 15 compró un periódico y lo puso sobre la mesa del comedor: lo hojearía después de hacer varias cosas en su hogar. Su nieto, el hijo de Rossis, comenzó a jugar con el diario, y pasando las hojas, vio una fotografía. La peor de todas.
“Está es mi mamá, es mi mamá, mírale los ojos (…) es ella”, gritó el niño corriendo a la cocina donde estaba María.
“Fue mi nieto el primero en ver el periódico. Me negaba a aceptar que era ella (…) yo había recibido mensajes de texto desde su teléfono minutos antes. Me decía que estaba con unos amigos, que se había ido a Palital”.
Los nervios se apoderaron de la familia y juntos fueron a la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). “Ahí la vi, era mi chama. Me mataron a mi muchacha y yo no estuve para defenderla. ¿Cómo podré borrar esa imagen de mi mente? Han pasado tres años y no se borra”, manifiesta.
Responsable preso
A pesar de que Bermúdez tenía una pena de arresto domiciliario, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) comprobó que Bermúdez violó el acuerdo judicial y que sería el autor materia e intelectual del asesinato, pues durante las pesquisas se hallaron una serie de pruebas que lo incriminaban en el crimen. Su vehículo, un Chevrolet Malibú, tenía restos de sangre en el baúl.
José Miguel, imputado por homicidio, recibió una privativa de libertad. El tribunal ordenó su traslado a la cárcel de La Pica, pero a casi tres años del asesinato, Bermúdez sigue recluido en los calabozos del Centro de Coordinación Policial (CCP) Guaiparo sin fecha de inicio de juicio.
“Mientras mi hija está muerta, él metido en Guaiparo, gozando de beneficios que ha encontrado a fuerza de dinero. Quiero que pague como debe pagar por todo el daño que le ha causado a mi familia, que le hagan un juicio y le den una pena máxima”, exige María.
Segundo golpe
María andaba en búsqueda de justicia por la muerte de Rossis cuando le tocó llorar a otro hijo. “José Marcelino está en el hospital, le dieron unos tiros”, recuerda María que fue lo que le dijeron mediante una llamada telefónica.
“Corrí a verlo, lo tenían en quirófano. José estaba en su taller mecánico cuando llegó un hombre… le disparó cuatro o cinco veces”. José resistió a la operación, pero cuatro días después, el 2 de febrero de 2012, murió.
“El vacío del alma se agudizó más, es el mismo que he venido sintiendo desde esos días. Mi vida cambió de manera definitiva, ya no soy la mujer alegre, la mujer que salía con sus amistades, ahora soy la mujer que llora, la que extraña y no halla un espacio dentro de este mundo”.
Ante la muerte de José Marcelino, María presume que Bermúdez “también tiene que ver. Él lo había amenazado, ellos habían discutido y lo amenazó de muerte. Los fiscales me han dicho que la muerte de José fue por encargo”, señaló mencionando que el crimen del segundo de sus hijos permanece impune.
Observando a su nieto, hijo de Rossis, dice que “vivo y no sé cómo es que lo hago. Dentro de mí no hay nada más que no sea tristeza, miedo y dolor… No soy feliz, a mí me hacen falta mis hijos. Es sentir que te arrancan el alma y que las lágrimas nunca acaban. No hay consuelo que valga”.
Recuerda que su nieto está a salvo por cosas de Dios. “Rossis lo dejó en mi casa un día antes de su desaparición. Me fueron a visitar y pasaron el día conmigo. En la tarde, Rossis me dijo que iría a su casa a buscar ropa, y cuando estaba por salir me pidió la bendición tres veces. Se fue, la vi salir por esa puerta y no tendré la dicha de volver a verla entrar”, llora María recordando aquella escena.
Canto en el cementerio
José Marcelino, su papá y su hermana fueron sepultados en la parte baja del cementerio municipal de Chirica. “Siempre voy a visitarlos, con miedo por todo lo que ahí roban, pero voy. Es como el único momento en el que puedo sentir paz. Veo las tres lápidas, que están una detrás de las otras, y recuerdo los felices que éramos”.
Al camposanto María va acompañada por su nieto, que ahora tiene 11 años. “Él es mis ganas de luchar. No quiero dejarlo solo. Su papá no vio por él y dejarlo es faltarle a mi hija”.
El niño observa a su abuela e interrumpe la conversación de María con el equipo de Correo del Caroní para decir: “lo que más extraño de mi mami es tocar su cara o sus abrazos. Quisiera que me abrace y no tener que ir al cementerio a cantarle”, dice el niño y comienza a cantar la canción Nena, de Pedrito Fernández.
Vendió su casa
Rossis trabajaba y ayudaba a su mamá con sus gastos “era ella quien me arreglaba las uñas. Desde su muerte, mis manos no las ha tocado nadie más, no me nace arreglarme, eso era lo que a ella le gustaba, y si ella no lo puede hacer, yo tampoco quiero hacerlo”, dice. Y añade que “cuando paso por las tiendas, que veo sandalias o camisas, la recuerdo, me la imagino comprando”.
A raíz de las muertes de la familia Torres, María tuvo que vender su casa para poder saldar algunas cuentas y ayudar a su hijo Rixón a salir de la cárcel. “Regalé mi hogar. En 120 mil bolívares lo vendí, pero tenía que hacerlo, no tenía otra salida”. María actualmente vive en casa de sus otros dos hijos.
María Varela trabaja como promotora en la Alcaldía de Caroní. Ahí “es donde me distraigo. De lo contrario no sé qué sería de mí. No dejo a mi nieto solo. Cuando sale del colegio lo llevó conmigo a todos los eventos, me da terror que algo le pueda pasar”, sostiene y reitera un “agradecimiento al alcalde (José Ramón López), que me ayudó con el sepelio de mis hijos, y al fiscal superior, Israel Pérez, por su apoyo en no permitir que (al asesino) lo dejen libre. El día que estaba saliendo de La Pica por robo, el Cicpc lo estaba esperando afuera de la cárcel con una orden de arresto por el homicidio de mi hija”.
Miedo permanente
María Valera denuncia que el 1 de julio de este año fue atacada por la madre de Bermúdez. “Me agarró en una cola del supermercado Bicentenario y, delante de todas las personas, me agredió física y verbalmente. Me decía que su hijo está preso por mi culpa. Mi temor es la familia de ese hombre. Han acabado con parte de la mía y tengo miedo a que lo sigan haciendo”, narra, manifestando sentir miedo por las amenazas que ha recibido desde la muerte de Rossis Torres.

A8Agresiones
María denunció agresiones y amenazas por parte de los familiares del presunto asesino de su hija
“Mi nieto se despierta en las noches llorándola, vive recordándola. En oportunidades vamos caminando por la calle y me dice: ‘¿qué harías si de repente nos aparece mi mamá de frente? Yo saldría corriendo a abrazarla’. Eso me parte el alma y por él, por mi nieto y por los hijos que ya no tengo a mi lado, seguiré luchando en búsqueda de justicia. Yo los parí, me dolieron y hoy me duelen más que nunca”, apunta.
Al igual que María, millones de madres venezolanas han dicho: ¡quiero justicia! Sus peticiones han quedado en eso. Son, nada más, secuelas de la impunidad.
Golpe de realidad
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Venezuela, según estudios del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), tiene una impunidad que ronda el 90 por ciento.

El artículo 55 de la Constitución de la República Bolivariana establece: “Toda persona tiene derecho a la protección por parte del Estado a través de los órganos de seguridad ciudadana regulados por ley, frente a situaciones que constituyan amenaza, vulnerabilidad o riesgo para la integridad física de las personas, sus propiedades, el disfrute de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes. La participación de los ciudadanos y ciudadanas en los programas destinados a la prevención, seguridad ciudadana y administración de emergencias será regulada por una ley especial”. El golpe de la realidad es todo lo contrario.


-SEAMOS VOZ DE LOS SIN VOZ-

1 comentario:

lania claudia dijo...

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GUILLERMO ROVIROSA

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